Adios a Joaquín Grau

Os comparto una carta que ha escrito mi compañera María Isabel Miñana con motivo del fallecimiento de Joaquín,  nuestro amigo y Maestro, creador de Anatheóresis.

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El pasado sábado 1 de febrero nos dejó Joaquín Grau, el creador de Anatheóresis. Un ser humano realmente excepcional que dedicó sus días y parte de sus noches a adentrarse en la percepción humana, hasta el punto de crear una terapia que a día de hoy es un diamante, ante el abanico de respuestas al sufrimiento humano.
Estas palabras son mi sencillo homenaje al que fue mi profesor y amigo.

LOS DESAYUNOS CON JOAQUIN

Un día alguien me habló de los desayunos con Joaquín
Siempre me gustó esta idea y hoy, a tres días de su partida, quiero escribir … porque además fue a una de las cosas a las que él me animó.

Desayunar es eso, “dejar de ayunar” o sea “nutrirse” y eso creo que fue lo que hizo Joaquín con nosotros, “nutrirnos”.
Puedo decir que en mi caso, y de la mano de su más fiel compañera, Verena, así fue.
Me nutrí, dejé el ayuno. Un ayuno que sufría desde mi más tierna percepción. Un ayuno que se clavó en mi corazón y que me hizo comenzar un largo peregrinaje por terapias de todo tipo, con escaso resultado.

Y un día escuché la palabra “Ana … ¿qué? “fue mi primera reacción, que después, tan repetidas veces he visto en otras personas. Palabra ahora, tan comprendida y querida. ANATHEORESIS y aquí comenzó mi desayuno.

Sí porque Anatheóresis me nutrió, me hizo comprender y me hizo darme a mí misma lo que nadie más podía. Y me hizo descubrir a ese niño hambriento, sin desayunar, que todos llevamos dentro. Doliente por no cubrir casi nunca sus altas expectativas de amor. Y es así con ese amor como queda nutrido, porque recordar las palabras de Joaquín: “El amor todo lo cura”.
Y además de mi proceso de “nutrición” y liberación (recordar también que “Anatheóresis es una terapia liberadora”) me hizo descubrir y constatar cada día en el ejercicio de la que ahora es mi profesión; que esas altas expectativas de amor que todo ser humano lleva dentro, cuando son cubiertas, resolviendo sus daños (es algo que nuestra terapia consigue) deja salir a la luz un ser que confía en si mismo y en la vida.
Quiero sirvan estas reflexiones de humilde homenaje a alguien que fue más que un maestro para mí, al que quiero dar mi profundo agradecimiento por sus dos hemisferios, que tan bien integró, por su perpetuo sentido del humor que nos hizo comprender lo importante de lo sencillo y lo sencillo de lo importante y ese algo que transmitía entre autoridad y ternura.

Esos fueron “mis desayunos con Joaquín”.

Y todo eso me dio una profunda esperanza de la que hoy hago mi bandera.

Gracias Joaquín
Gracias maestro
Gracias amigo …

Hasta siempre!

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